viernes, 7 de mayo de 2010

“LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS”

La reflexión que precede, se centra en el concepto de cultura organizacional de Edgar Schein (nivel explícito/observable y el nivel implícito) relacionándolo con el concepto del ser construido (símbolos, narrativas y discursos) de Gareth Morgan:

Análisis de las imágenes organizacionales en la película
según la conceptualización de Gareth Morgan en “Imágenes de la Organización” y la visión de Edgar Schein en “La cultura empresarial y el liderazgo”.

La premisa de la que parte Morgan en su libro “Imágenes de la Organización”, afirma que la teoría y explicaciones de la vida organizacional se basan en metáforas que nos llevan a ver y comprender las organizaciones en un modo distinto, destacando algunos de sus aspectos en forma a la vez parcial y reveladora.
Las metáforas, tanto en el lenguaje poético, como en una película o en la vida cotidiana, revelan pero a la vez simplifican, reducen el objeto en cuestión a una visión unilateral, caracterizándolo con rasgos unívocos, y por tanto simplificando o eliminando rasgos que podrían igualmente estar presentes.
En una película, la imagen no es sólo verbal, sino especialmente visual y dinámica, de modo que los rasgos definitorios de la organización pueden “mostrarse” y no sólo “decirse”.
La Academia Welton como convento
La película “La Sociedad de los Poetas Muertos”, dirigida por Peter Weir y filmada en 1988, presenta un hecho ficticio ocurrido en 1959 en una Academia preuniversitaria de Estados Unidos, en el que intervienen estudiantes, profesores y familias.
El salón gótico en que se realiza la reunión inicial, el ceremonial de las velas, los estandartes, las respuestas dadas en coro, las campanas que marcan los momentos del día, el aspecto austero e impasible de los profesores, todo contribuye a consolidar una imagen monástica, detenida en el tiempo, en una repetición infatigable de los mismos rituales y ceremoniales.
Así como el edificio se afirma sobre sólidas columnas, como una catedral, la institución se asienta en “pilares”: “Honor, disciplina, excelencia, tradición”, coreados como función y firmeza, como un himno religioso (Valores dominantes aceptados, lenguaje y rituales, Schein).
La primera réplica que se enuncia es “Echa los hombros para atrás”, señalando el requerimiento básico a estos adolescentes que, al llegar a la Academia, deben adoptar la actitud exterior que es muestra de la interior: dominar su cuerpo y dirigir su mente sólo a pensar en el motivo por el cual están allí, en una actitud de neófitos conversos. (Reglas de juego, comportamientos observados en forma regular: Schein)
Los padres están absolutamente identificados con esa atmósfera, ya que existe una clara identificación de las familias con los valores proclamados por la Academia Welton. Así, cuando una madre despide a su hijo, lo exhorta: “Vamos hijo, no llores ahora”. Y al despedirse, saludan al Director con un emocionado: “Una ceremonia preciosa, como siempre”.
Las habitaciones de los alumnos son austeras y despojadas como celdas de monjes, ventanas sin cortinas, muebles sencillos y camas de hierro. En las paredes no hay ningún “distractor”: ni cuadros, ni imágenes; sólo colores neutros y opacos. Del mismo tipo son las habitaciones de los profesores, cosa que sorprende a Neil cuando entra a la del profesor Keating. (“¡Qué austera es su habitación!” A lo que Keating responde llamando como siempre las cosas por su nombre: “Así deben ser, monásticas, para que no pensemos en otra cosa sino en enseñar”) (Ambiente o clima, normas y filosofía de la organización: Schein).
El despojamiento y la ruptura con la vida y con la naturaleza se subrayan en numerosas tomas: a los grandes murallones de la Academia se oponen bellas imágenes de colores crepusculares, campos nevados, o el ámbito de la ficción teatral en la representación del “Sueño de una noche de verano” de Shakespeare. Y, naturalmente, el entramado mismo de la película subraya permanentemente esa oposición: negación de la naturaleza en su espontaneidad – afirmación de la vida.
Es un convento, y más aún, un convento calvinista o puritano. Los profesores reprenden a los jóvenes que suben las escaleras con un jolgorio saludable, recriminándoles: “Cálmense, horrible falange de pubertad”. El castigo físico es aplicado sistemáticamente, sin pasión, como las disciplinas y los cilicios lo eran para “castigar la carne”. El azotado debe mostrar su estoicismo contando los golpes que recibe, al salir del lugar de suplicio y pasar frente a sus compañeros, se esfuerza por dar señales de entereza, aunque su paso sea incierto y el desorden de sus ropas revele el descontrol de sus emociones.
La enseñanza está concebida como catequesis: adopción obediente de un dogma sin fisuras. Cualquiera sea la disciplina, ciencias, letras, educación física, el principio rector es el absoluto control de todo lo natural, corporal o psíquico. Los estudiantes deben recorrer un camino ascético que los lleve a dejar de lado toda pretensión de libertad personal, del mismo modo que el monje hace voto de obediencia y debe abandonar todo deseo de posesión o de sentimiento que no se dirija exclusivamente a un Dios desencarnado. El éxito de esta conformación mental que se busca, se subraya en la segunda clase de Keating, cuando el profesor caricaturiza las enseñanzas de Pritchard dibujando en el pizarrón la gráfica que representa la “calidad” de la poesía. En ese momento los alumnos la copian cuidadosamente en sus cuadernos, usando reglas, obviamente sin percibir la intención irónica de Keating. El proceso de enseñanza en que se habían formado siempre había sido convergente, lo que los hace incapaces de percibir la divergencia en la metodología del nuevo profesor.
La Academia Welton como organización mecánica
En una conceptualización más amplia, identificamos en muchos aspectos al colegio como organización mecánica, según la caracterización de Morgan. Si bien el colegio cultiva la tradición y la repetición de prácticas históricas, su objetivo es el logro de la precisión mecánica, metódica y repetitiva. Todas las acciones y las intervenciones verbales están rigurosamente pautadas; aunque no aparecen las características de tecnificación a través de máquinas, ya que el colegio cultiva la apariencia venerable de épocas perimidas, preindustriales.
Morgan señala la influencia militar en las organizaciones mecánicas, y el espíritu castrense es igualmente visible en la Academia Welton. El énfasis puesto en el uniforme (una sola forma) es evidente y actúa como distintivo de la institución. La rudeza en el trato de los profesores, la exaltación machista y el culto a la impasibilidad, se manifiestan en forma permanente. Como señala Morgan, el empleo de la metáfora implica “un modo de pensar” y un “modo de ver”, ejerciendo una influencia formativa en el pensamiento, en la expresión y la comunicación lingüísticas. La obediencia es un rasgo distintivo del espíritu militar; ella se recoge en el pilar "dis-
ciplina” de la institución, y en el respeto rayano en el temor que sienten los estudiantes por su director.
La familia de Neil Perry como organización mecánica
Los rasgos de la familia Perry son muy semejantes a los de la Academia. De alguna manera podría considerársela una “fábrica de hijos”, en la que éstos son meros productos que deben atenerse estrictamente a los objetivos para los que son creados,sin ningún derecho a expresar opiniones o deseos diferentes a los del padre. La madre es un ser inexistente, sin opinión personal, y obedece sumisamente a los dictámenes de su esposo, del mismo modo que un capataz no es sino fiel intérprete de los deseos del jefe de fábrica.
En las conversaciones entre Neil y su padre, no existe diálogo, sino meros comunicados de órdenes y prohibiciones. Tanto el padre como los profesores consideran que los jóvenes no tienen derecho al pensamiento propio. En la conversación del refectorio, el profesor Mc Allister critica a Keating por los métodos utilizados:
Mc. A. – Su forma de trabajar es interesante, pero cuando se den cuenta que no son Rembrandt ni Shakespeare, se lo van a reprochar.
K. – No pretendo que sean artistas, sino librepensadores.
Mc. A. – ¿Librepensadores a los diecisiete años? Muéstreme un corazón de diecisiete años libre de sueños necios y le mostraré un hombre feliz.
Para el viejo profesor, todo pensamiento que se aparte de las obligaciones establecidas, significa necedad. Ningún buen novicio, buen soldado o buen obrero, puede soñar con la libertad. Del mismo modo, el padre de Neil hace su primera aparición prohibiéndole participar en la redacción del anuario, porque esa actividad va a afectar sus estudios.
Mr. Perry. – Cuando te recibas de médico, podrás hacer lo que quieras. Ahora, harás lo que yo diga.
De nada vale que el joven argumente que eso no afectará sus estudios. Cuando termine su carrera podrá pensar por sí mismo, no mientras estudia, así permanezca diez años en la Universidad, como anuncia el padre al joven la noche en que éste elige el suicidio antes que esa inacabable dilatoria de una vida personal. Recordemos la cosificación del sujeto en la organización mecánica: el estudiante no tiene derecho al pensamiento propio porque es un objeto, un producto cuyas normas de fabricación excluyen cualquier muestra de autonomía.
La Sociedad de los Poetas Muertos como organización orgánica
En abierta contraposición con el modelo de la Academia Welton, la Sociedad de los Poetas Muertos aparece como el lugar de la vida, de la pasión y de la creatividad. La aparición de John Keating, a cargo de las clases de Literatura, revela a los estudiantes la posibilidad de vivir de otra manera, lo que se sintetiza en la expresión de la oda horaciana, “Carpe diem” (Aprovecha el presente). Los jóvenes crean entonces una nueva organización. Ya había indicios de una forma de vivir opuesta a la del colegio: al slogan fundador de la organización escolar, habían enfrentado una serie cuyo carácter transgresor con respecto a la original estaba remarcado por la repetición de las iniciales:
Honor, disciplina, excelencia,tradición”, se transformaban en:
“Horror, decadencia, excremento, travesura”.
Existía entonces el germen de una “cultura”, como nivel más profundo de presunciones básicas y creencias compartidas por los miembros de la organización (Schein). Estas presunciones básicas pueden ser inventadas, descubiertas o desarrolladas por un grupo al enfrentarse con sus problemas de adaptación externa e integración interna. Al descubrimiento original del grupo de una ideología de defensa, sigue la consolidación y contenido activos proporcionados por Keating, que caen en el terreno fértil de una mentalidad juvenil que rechaza casi instintivamente la enseñanza dogmática y de extrema severidad que están recibiendo.
El papel de líder es asumido por Neil Perry, quien aparte de vivir el clima opresivo de la organización escolar, debe soportar la sumisión hacia la figura paterna la cual reproduce el carácter mecánico y racionalizador de la Academia Welton. La percepción más intensa que la de los demás experimentada por Neil del contraste entre lo que vive y lo que son sus deseos profundos, desarrolla su agudeza en la definición del problema que enfrenta y confirma su liderazgo.
En esta agrupación orgánica, los individuos no se comportan, como en la mecánica, con reacciones homogéneas, sino que las individualidades están claramente diferenciadas. Cada uno tiene rasgos exclusivos. Los reúne, sin embargo, la “presunción básica” de su solidaridad profunda si bien, para protegerse de la “organización total” de la Academia, necesitan del secreto y la clandestinidad. Se refugian en “la Cueva”, adoptan el nombre del grupo, Sociedad de los Poetas Muertos, se rebautizan con apelativos como lo hace Charlie Dalton que toma el nombre de Nuwanda y también adopta marcas secretas: el zigzag rojo que se pinta en el pecho como “símbolo indio de la virilidad”.
Se confirman de este modo los rasgos indicados por Schein como componentes de una cultura organizacional: comportamientos (reunión en la cueva, creatividad apartada de los cánones impuestos),
-- normas (decisiones de Neil, que establece las nuevas formas de actuar),
-- valores dominantes aceptados, (“mamar la savia de la vida”, “aprovechar el día”, vivir intensamente),
-- filosofía que orienta la política de la organización (“sobrevivir a Inferton” – juego de palabras, cambiando Wel [bueno] por Infierno),
-- reglas de juego, establecidas en la cita de Thoreau que inicia las sesiones de la Sociedad de los Poetas Muertos
-- (“La mayoría vive en silencioso desaliento, atrévanse a buscar y a encontrar nuevos caminos)
-- el ambiente o clima (los dormitorios, la cueva, el entendimiento tácito cuando los Poetas Muertos están en la organización académica).
Conclusión
Como afirma Schein, la “cultura organizacional” es una propiedad de una unidad social independiente y claramente definida. Cuando un grupo de personas ha compartido una cantidad significativa de experiencias significativas, tales vivencias han originado una visión compartida del mundo que las rodea y el lugar que ocupan en él.
En los ejemplos analizados, la Academia Welton ha desarrollado una filosofía educacional funcional para la sociedad a la que está destinada. Sus principios coinciden con los de las familias que ubican allí a sus hijos para pertrecharlos con las armas que la sociedad en la que viven les requiere, y para realizar sus propios sueños de poder y prestigio. Para los profesores y para los padres, los jóvenes son seres díscolos que deben ser rígidamente disciplinados. Saben que tratan con gatos y no con perros. Esa “horrible falange de pubertad” debe someterse y sólo cuando los estudios terminen podrá pensar por sí misma.
Con esa concepción, es natural que la metáfora elegida para representar al colegio, sea el convento o el cuartel, dos modelos de disciplinamiento, convenientemente deco-rados con un boato ceremonial como las propias ceremonias litúrgicas o los desfiles militares.
Por su parte, los jóvenes generarán una organización ubicada en las antípodas: culto a la libertad, a las pasiones, al sexo, a la creatividad, al arte.
Naturalmente, la desproporción entre el poder del Sistema y de los valores dominantes, lleva al fracaso de la experiencia transgresora y los propios jóvenes se niegan a sí mismos, con toda la gama de reacciones desde el gesto exaltado de autoeliminación de Neil, hasta el conformismo ventajero de Cameron. El Director Peter Weir, fiel a la filosofía del “Happy Ending” hollywoodense, cierra la película con la imagen de los chicos parados en sus bancos, repitiendo el “Oh, Capitán, mi Capitán” de Walt Whitman con el que Keating les dijo el primer día de clase que quería ser nombrado, y enviándole así un mensaje de reconocimiento que el profesor agradece. La conducta de los jóvenes, en su labilidad, los muestra en una relación dialéctica entre las dos organizaciones en que se desenvuelven. Son, por una parte, fruto de la cultura de la Academia Welton, obedientes a sus maestros y a sus padres, y por otra, los Poetas Muertos que quieren “recoger los capullos mientras puedan”.
En síntesis, las teorizaciones de Schein y de Morgan proporcionan un valioso entramado para penetrar en el complejo funcionamiento de las organizaciones. El planteo de Morgan es simplificador, en tanto ve a las metáforas como una clave de lectura que ilumina una serie de rasgos, los coincidentes con la metáfora adoptada, pero se desentiende de otros aspectos que podrían contradecir o matizar la imagen central.
Los rasgos señalados por Schein son por el contrario complejizadores, si atendemos a su observación de que el rasgo más definitorio de una organización es su “cultura” y ésta nunca está contenida totalmente en uno de los rasgos, sino que es un totum multifacético.

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